pensieri spettinati

Los pelos son tercos, testarudos como yo.
Siempre he odiado la escuela, o tal vez siempre me han hecho odiarla. No encontraba ninguna referencia femenina y no entendía por qué tenía que estar allí.
No habían muchas otras opciones, tuve que aprender a hacer algo práctico, tener un trabajo. He hecho un curso de esteticien de 3 años. El destino parecía ir hacia una estética que evocaba a los estándares actuales, las apariencias socialmente deseables. Pero lo que me salvó y me salva la vida es la imaginación. Hasta los 13 años tenía una amiga imaginaria, se llamaba Samantha. Quería romper, evocar sentimientos de vergüenza, rabia, choque y decidí subvertir todo para volver al mundo su repelencia. Empecé a crear alternativas a las imágenes del mercado y de la publicidad, desmantelando las teorías de la construcción del cuerpo que califican como monstruoso o anormal lo que trasborda la estética dominante.
Comencé quitando pelos, me da placer arrancar los pelos de amigos y amigas. Fue entonces hace 4 años cuando encuentro a Eva, mi vecina de casa en Barcelona.
Ella es capaz de hacer cualquier cosa con los pelos, hace posticeria de toda la vida.
Yo quiero aprender y ella me quiere enseñar.
Tardé un año en realizar mi primera peluca. El tiempo necesario para darme cuenta que no quiero trabajar con el pelo real, a menos que no me venga regalado; en el sentido que no utilizaría pelos de mujeres obligadas por su condición de pobreza a cortarse el pelo y luego venderlo.
Las personas aman sus pelos, me gustaría contar con ellos otra historia, darle una nueva vida.
Pero esta vez no los tenía, así que una parte la he comprado en una tienda afro, añadiendo aquellos que había coleccionado o puesto de un lado desde hacía tiempo.
El pelo tiene un poder social y emotivo, pero también un signo de animalidad, representa la belleza y la juventud, pero cuando viene desplazado del cuerpo es considerado misterioso e inquietante. Estoy fascinada con la idea de quitar el pelo de la cabeza y hacerlo crecer en otras partes del cuerpo para exasperar la feminidad, empecé a trabajar con extensiones pelosas en el borrador battonz kabaret: las extensiones sobresalen de los pezones, las manos, las axilas, las piernas. Este mismo principio es la base de los anillos peludos, que representan las extensiones de los pelos de los dedos, lo mismo ocurre con las corbatas.
El pelo me obsesiona, pero no soy una artista de pelos ni una peluquera.
Para comunicar y contar mi historia necesité usar este material ya que parece real y efectivo. Estos objetos y personajes peludos evocan mi infancia y mi condición de mujer.